lunes, 25 de abril de 2011

Lunes de resurrección


La naturaleza, aunque se suele olvidar, siempre se impone. Y lo viene haciendo últimamente, en algunos sitios, con extremada violencia. A nosotros nos cayó la lluvia suficiente para que la Semana Santa no haya podido expresarse íntegramente en la calle; lo que servirá de abono para el espíritu, para la tierra y para la memoria, que no es menos importante.

Ya sólo falta un año para que la carrera oficial vuelva a hacer su recorrido por la calle Consistorio. No sé si, para el 2012, conoceremos la verdadera filosofía que llevó a cambiar el recorrido original de las procesiones. Lo que se decidió como quien cruza de acera para no pasar por el balcón del Ayuntamiento; por si le gotean los geranios. Aunque también se puede decir que se trató de un intento, algo deslucido, de no sumisión al poder o para un mejor desarrollo del cortejo: objetivos muy respetables.

Para el 2012, afortunadamente, ya habrán pasado las elecciones municipales, y me pregunto: ¿Volverán las golondrinas a su casa a anidar?, ¿coincidirán en el tiempo las elecciones en la Unión de Hermandades con las Autonómicas o con las Generales? 

martes, 19 de abril de 2011

New Look



¿ Tiene Aznar un toquecito Gandhi ?

domingo, 6 de febrero de 2011

Domingos azules




Los días de cielo azul eterno no entienden de calendario, pero cuando caen en domingo todo parece más azul, más sosegado. Estuve esta mañana en el mercadillo de la Alameda Vieja cuando, todavía, algunos comerciantes no habían terminado de exponer las mercancías que un día fueron regalos, objetos inestimables, piezas útiles o muertas que tuvieron un valor: el valor que se le supone. Los vendedores hablaban entre ellos con frases cortas, etéreas, fáciles de interpretar. Escuchando, me detuve en un puesto donde se exponían varios teléfonos traídos de algún país del Este: sobrios, aún impactantes y muy bien conservados como testigos impermeables de una guerra fría. Debí hacerles una foto para ilustrar el post, de su utilidad, me doy cuenta ahora. ¡Paquito!, es Pepe Cala (el Capitalista) que desde su burladero, cada vez mejor ordenado, con réplicas de objetos taurinos, me reclama la atención. ¡Ahora te veo, Pepe! le respondí. Pepe siempre tiene mi visita asegurada a su bazar. Me dijo que todo lo que vende ahora lo hace él mismo y me lo explicó con entusiasmo. ¿Estás bien? Sí, muy bien, Pepe. ¡Gloria!, me dijo. Ya me iba cuando me dieron un panfleto del Partido Comunista de los Pueblos de España. ¿Lo conoce? me preguntaron. Dije: sí ¿no es el Partido que fundó Ignacio Gallego? yo estuve en un mitin en el Puerto de Santa María, fui por curiosidad y todavía me resuena la voz metálica de aquel dirigente. Me sirvió para tener una fiel aproximación a lo que fueron los políticos de los años treinta; erizaba la piel. Hay que ir retomando todo aquello, me dijeron con una voz poco encendida. También me dieron un periódico que se llama Cubainformacion-ejemplar gratuito y unas fotocopias con unas declaraciones de Julio Anguita, publicadas en el blog-comunistasenjerezdelafrontera, acusando a los sindicatos. Esta luminosa mañana de domingo me fui de la Alameda Vieja, cargado de papeles, consciente de dejar atrás la feria, la medina. Me fui sin llevarme nada del pasado, pero no sé si debería asegurarlo. 



lunes, 31 de enero de 2011

Los réprobos


Escribe Vargas Llosa en El País "Los réprobos" sobre la decisión del Gobierno francés de suspender  los actos del cincuenta aniversario de Louis Ferdinand Céline. Dice: "Céline fue, políticamente hablando, una escoria. Pero también un extraordinario escritor. Seguramente el más importante novelista francés del siglo XX después de Proust". Cerrando los ojos, en favor de la literatura, apostaría por que se celebrara el homenaje, pero abriéndolos diría que si no hubiera existido Céline, como persona, la literatura y la humanidad no lo hubiera echado de menos, y no habría nada que celebrar. 

domingo, 30 de enero de 2011

Yo, un orangután.

Comparto el 97% de sus genes; lo asumo y no me disgusta.

sábado, 18 de diciembre de 2010

domingo, 12 de diciembre de 2010

1985 Cuba - Capítulo 40


El cante flamenco no es glamoroso como lo son otras manifestaciones artísticas, está revestido de un óxido azul que ni los directores de cine ni los escritores, hasta hoy, lo han representado o ideado en un formato adecuado a su dimensión sensorial: color, sabor, energía, entrañas. Sólo se han elaborado datos biográficos, reseñas o anécdotas; no se han contado vidas en su verdadera magnitud. Sigue siendo de otra época, de otro mundo, minoritario, errante, desclasado y a veces incompatible, salsero y desprendido; desgarrador e imposible. Está siendo descubierto por otras culturas y continuará evolucionando, pero aún se encuentra en la edad del fuego. Me hubiera gustado saber lo que podría pensar Stanley Kubrick, qué sería capaz de hacer, qué tipo de interiores pensaría; me hubiera interesado su opinión más que la de ningún otro.


Acompasado, sonriente, comenzó a cantar Luis de Pacote y cuando ya había avanzado el cante le siguió, con la expresión nítida y punzante de las cuerdas, Juan Morao. Como suele suceder, en este tipo de reuniones, el cante es libre y surge cuando el ambiente lo respalda y los sentimientos lo convocan. Aquel hombre cantaba con una fuerza contenida que iba administrando con serenidad. Había acordado, dentro de sí, que cada palabra convenida tuviera un significado preciso; que la música fuera un instrumento para vestirla de domingo, para aliviarla o para convertirla en una espada. Hacía un trato con cada una de ellas y se le humedecían los ojos. No recuerdo la letra ni sé si alcanzaba a comprender su significado, pero sentí cómo se fue apropiando de mí aquella armonía, aquél lenguaje. El fandango, como es dulce, es adecuado para iniciarse.

Hay personas que se parecen. Cuando las observas o hablas con ellas, te das cuenta de que tienen rasgos comunes o comparten códigos vitales con  otras. Independientemente de su origen social o nacionalidad; se parecen. No es muy habitual, pero de vez en cuando sucede que identificas a alguna de estas personas que son como semillas, de una misma planta, esparcidas por distintos lugares del planeta. Hemingway era norteamericano y se sentía cubano desde que probaría el ron o el aguacate, desde el primer momento en que se daría cuenta de que su respiración era más plena en Cuba, desde que pescó la primera aguja. Y también era español porque vivía nuestra cultura como suya. Algo parecido les debe ocurrir a los hispanistas británicos, a los japoneses con el arte flamenco, y a Orson Wells. Hay gente que se parece y es universal.

Dos meses después de haber vivido el espíritu del escritor desde el exterior de su casa en Cuba, murió mi padre y me apropié de Hemingway. Por primera vez supe lo que significaba lo determinante, la sequedad, un golpe seco y definitivo, la fría indiferencia de una pared, una silla imperturbable, abrir los ojos. Mi hermano, que me seguía, también fue protagonista de las vivencias y las enseñanzas, especialmente en todo lo relacionado con la naturaleza y la caza, llegando todo eso a conformar su vida; una vida que correspondía a otro tiempo. Ya nada sería igual, fue el comienzo de una existencia desconocida y a partir de ese momento ya no tenía a quién ir a encontrar. Creo que mi padre nunca había leído una novela porque su lectura escogida siempre era El Cossio, y, aunque sólo escribiera algunas postales desde Canarias, donde hizo el servicio militar; se le parecía. Por eso, dentro de mí, lo hice coincidir con el escritor norteamericano como si fuera una semilla de la misma planta, y eso me reconfortaba. Apropiándome de Hemingway, para vincularlo con mi padre, fue una manera de encontrar cierto descanso. Tardaría en saber que el tiempo es una estación de llegada y que éste iba a ser el único aliado. 

Continuará...