jueves, 22 de julio de 2010
1985 Cuba - Capítulo XX
jueves, 15 de julio de 2010
1985 Cuba - Capítulo XIX
sábado, 10 de julio de 2010
1985 Cuba - Capítulo XVIII
viernes, 2 de julio de 2010
1985 Cuba - Capítulo XVII

domingo, 27 de junio de 2010
1985 Cuba - Capítulo XVI

Cuando llegamos a Varadero, todo lo que habíamos vivido días atrás cambió radicalmente. Las palmeras en la playa, la arena y el agua del Caribe dieron vida a esos grabados que se exhiben en los hoteles y restaurantes de lujo como referencia del paraíso. Entonces no existían grandes hoteles porque la industria turística estaba comenzando a desarrollarse y la naturaleza mantenía casi intacta su virginidad. Pero lo que me produjo una especial fijación fueron los pelícanos que sobrevolaban las olas pescando o correteando y apareándose en la orilla. Nunca los había visto en vivo hasta ese momento, y, sentando en la arena, dediqué muchas horas a su observación, con la idea de impregnarme para siempre de aquel lugar tan idílico.
Por la mañana, ya vestidos con ropa de playa y dispuestos a pasar aquellos días como unos auténticos veraneantes, nos encontramos en los jardines del hotel con un hombre que caminaba solo tocando el charango y cantando para sí mismo plácidamente. Al cruzarnos con él nos saludamos sonriendo y nos preguntó si éramos españoles, dijimos que sí, y él dijo: Yo soy canario. ¿De dónde sois? volvió a preguntar, y le respondimos que andaluces. ¡Ay, andaluces! Exclamó, y empezó a hacer los primeros acordes de una sevillana. “Cuba es la felicidad”, nos dijo; que tengáis un buen día. Aquel músico feliz y cordial, con aire de patricio romano, lo pudimos identificar más tarde como Elfidio Alonso, el creador y alma de Los Sabandeños.
Pasamos todo el día en la playa bañándonos, tomando el sol y disfrutando de los cocos con el sorbete, verdadero descubrimiento que suscitó de paso una cascada de ingeniosos comentarios sobre sus supuestas propiedades. En realidad, lo de los cocos era más una escenificación divertida que un verdadero placer, porque eran incómodos de sostener y tampoco me parecían tan deliciosos, pero eso dependería de los ingredientes que se utilizaran, y, por supuesto, de los gustos de cada uno. Aún así, el primer día cayeron en mi haber unos cuantos. Mi parte de mojitos, daiquirís y algún cuba libre con tropicola, no me los quitó nadie durante los días que llevaba en
viernes, 25 de junio de 2010
1985 Cuba - Capítulo XV

Lina nos sorprendió diciendo que tenía sangre española muy próxima y nos provocó una mayor expectación aún, cuando dijo que su padre era de Cádiz y que llegó a
Por sus palabras supimos que su padre se enamoró perdidamente de su madre Catalina durante su estancia en
También dijo que guardaba de su padre, con mucha ternura, algunas pertenencias de su época de torero: una camisa, unas zapatillas con lazos de raso que habían pertenecido a Juan Belmonte y unos gemelos de oro grabados con
martes, 22 de junio de 2010
1985 Cuba - Capítulo XIV

Después del desayuno recogimos las pertenencias y volvimos al autobús que nos llevaría a la provincia de Matanzas donde pasaríamos unos días en la playa de Varadero. Era habitual al comenzar los desplazamientos, que la gente permaneciera callada pensando cada uno en sus cosas, hablando en voz baja con su pareja o simplemente mirando el hermoso paisaje que teníamos delante; hasta que en un momento dado comenzó a calentar el ambiente un simpático colombiano asentado en Madrid, que era el encargado de amenizar los viajes motivándonos a cantar rancheras y las canciones de siempre.
Lina, que también ayudaba a alegrar el viaje se sentó junto a nosotros y compartimos con ella un agradable y muy interesante rato al margen de cuestiones políticas. Comenzó a interesarse por la vida en España y dijo que seguía muy de cerca todo lo que acontecía en nuestro país. Tal vez animada por aquel ambiente descargado y divertido, sacó del bolso de repente una conocida revista de sociedad que le había regalado alguien del grupo. Y por la manera tan expresiva con la que Lina sacó aquella revista de sus pertenencias revelaba que para ella era como un pequeño tesoro.
Las revistas de aquella época, como Cambio 16 o Interviú, que trataban temas políticos o combinaban desnudos eran requisadas en el aeropuerto, con la garantía de la policía de aduanas de que podían reclamarse al salir del país; lo que desde luego casi nadie hacia. El ejemplar que acariciaba entre sus manos, Lina era un número de la revista “¡Hola!” dedicado en exclusiva a la vida del matador de toros Francisco Rivera “Paquirri” que hacía sólo tres meses que había fallecido, y con una foto de portada de su joven viuda vestida de negro y el rostro marcado por la desgracia.
Aquella trágica historia de amor entre el torero y la cantante que había conmocionado a una buena parte de la sociedad española de la época, absorbía la memoria afectiva de Lina, a quién en más de una ocasión, se le perdía la mirada dentro de sí misma sin poder evitar que un intenso brillo humedeciera sus profundos ojos.

