lunes, 13 de junio de 2011

Larga vida al Rey



A algunos nos sucede que por razones políticas, por ilusión, por frustración, por romanticismo, y para honrar la memoria de los que perdieron la vida en su defensa; nos sentimos íntimamente impregnados, de por vida, por lo que pudo haber sido aquella República, y no pudo serlo.

Sin embargo hoy: por lealtad a los que, superando las diferencias, se unieron para conseguir el bien común, por haber vivido la transformación de nuestro País, por agradecimiento a la Monarquía Parlamentaria; nos sentimos afectivamente unidos al Rey Juan Carlos.

Hace unos días, visiblemente afectado por el trato que recibe de algunos profesionales (con un sostén ideológico tan ominoso como inmortal), en determinados medios de comunicación, el Rey expresó su enfado a un grupo de periodistas, que le preguntaban por su estado de salud, diciéndoles -con otras palabras-, que algunos lo que le desean es verlo directamente en el cajón. Quizá no debió, el Rey, de saltarse el protocolo, pero a mí no me disgustó mucho que lo hiciera. 

Si se dieran las circunstancias para la proclamación de la tercera república española, no sé cuanta gente lo celebrarían en las calles, pero puedo asegurar que no me veo levantando la tricolor rodeado de ciertos personajes (tengo algunos nombres en la punta de la lengua), conmigo que no cuenten. Es más, cuando me imagino a alguno de esos, o alguna, de Presidente de la República, me busco un reclinatorio y me pongo a rezar, hasta que se me pasa la ficción, para desearle una larga vida al Rey. 

Salud.

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