domingo, 28 de marzo de 2010

Tiempo de ecuánimes


José Luis Ferris ha publicado una biografía de Miguel Hernández. En el diario El Mundo, que califica la biografía de esencial, el autor dice: "La tercera generación, la de los nietos de la Guerra Civil, es la que tiene que poner cordura".

No está mal. El biógrafo del poeta persigue todos los puntos de vista (lo que él llama ecuanimidad), y eso demuestra muy buena voluntad. Pero, en la entrevista que le hacen hoy en este mismo Diario (que días anteriores ya le había sacado buena tajada a la imagen del poeta), la periodista que parece muy desinhibida le pregunta: "Sigamos con los tópicos desmontados de Miguel Hernández en su biografía...", y el autor responde: "Su falsa pobreza, cuando se sabe que su padre tenía negocios montados, que no era un simple cabrero. También pongo en tela de juicio...", y continúa desmontando el perfil educativo, económico y social de Miguel Hernández como si todo eso tuviera verdadero valor.

Cualquier nieto o bisnieto de la Guerra Civil que lea la entrevista, perfectamente, se puede hacer a la idea de que, Miguel Hernández tenía como pasatiempo irse a cuidar cabras para leer a los clásicos, mientras el cochero estoico, le aguardaba en el pescante del Milord.

Ha llegado el tiempo de los neutrales, y con suerte, deberían descubrir los nietos y los tataranietos de la Guerra Civil, que Miguel Hernández fue uno de los poeta más puros, uno de los hombres más honesto y entero que ha dado nuestra España; que le dejaron morir por no querer rendirse a la deshonra.

Cuando los ecuánimes ejercen, hay que estar atento, por que lo mismo les ha comprado el alma el demonio, y nadie se lo ha advertido.

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